martes, 17 de marzo de 2026

Problemática agraria nos 60

  Nos anos 60 o éxodo rural cara ás cidades intensificouse. Era imprescindible para o crecemento industrial e económico do país pero tamén empezaba a creación desa "España vaciada" que agora nos amola e para a que temos que buscar solucións.
  La Voz de Galicia, consciente dos enormes problemas que vivía o campo e que estaban na orixe do seu abandono dedicou moitas páxinas a mostrar as pequenas traxedias cotiás do rural e a poñer o foco en problemas como o descoido escolar dos nenos ou a falta dun soldo axeitado para os mozos.
  Esta historia, que apareceu na edición do xoves 21 de maio de 1964, tiña protagonistas ordenses.
 
EN ÓRDENES UNA JOVEN SOSTIENE LA CASA
La historia auténtica de AC, una muchacha de 22 años, vecina del municipio coruñés de Órdenes, resulta aleccionadora. Es la penúltima de 6 hermanos, tres de ellos varones, hijos de un modesto matrimonio de labradores, que completa su necesidad de tierras llevando en arrendamiento las de un rico propietario de la localidad. El hermano mayor se hizo conductor cuando cumplió el servicio militar, y ya no regresó a la aldea, sino para visitar a su familia, describirles lo bien que vivía (al menos comparativamente) y llevarles algún regalo a los hermanos. Un poco más tarde AC y su hermana mayor se fueron a servir a La Coruña. Y aunque aquello no agradó a los padres, quedaban todavía en la casa dos varones y la pequeña, y sus brazos bastaban para cultivar las tierras y cuidar el ganado. Pero uno de ellos enfermó del riñón durante su instrucción militar, y aunque quedó bastante bien de la operación, es hoy inútil para los trabajos que exigen esfuerzos y busca afanosamente la solución de su vida, impulsado por el gesto de sus padres que le recuerda constantemente su desgracia.
Y llegó el día en que el tercer varón fue llamado a filas. Volvió y reinició sus tareas en la explotación familiar, pero a las pocas semanas, y a causa de haber pedido a su padre algún dinero para las "convidadas" de la romería de Santa Margarita, surgió un desagradable incidente (el padre le daba tres duros y él quería veinte). Al otro día solicitó un jornal y tuvo que soportar una nueva bronca. Al no existir la menor posibilidad de acuerdo decidió trabajar para los vecinos y descontar la comida del salario. Dormir... duerme en cualquier sitio.
Así las cosas, los padres llamaron a AC y a su hermana. Pero la mayor se cansó muy pronto de no cobrar a fin de mes y una mañana regresó a La Coruña en el coche de línea. Más tarde el hermano mayor, vecino de un pueblo costero muy próximo a Finisterre, se llevó con él a la pequeña a pasar una temporada. No quiso volver y quedó AC sola en la casa. El padre murió y las tierras se siguen cultivando, dedicando mayor superficie a prados o a pastos porque dan menos trabajo. Ella comienza a olvidar que es mujer y la madre, aunque a regañadientes, ha de contratar mano de obra asalariada. El único que no puede trabajar allí es su hijo que "no debe" cobrar. AC asegura que también ella terminará marchándose.  
 
  De todos modos, na mesma edición, o redactor E.A. recoñecía que os campesiños non podían pagar soldo aos seus fillos propoñendo un exemplo hipótetico.
  Supoñía un labrador bastante privilexiado con 80 ferrados de labradío, 20 de prados e 500 de piñeirais, e ademais 6 vacas, varios cochos, galiñas... (menos do 2% do campesiñado cumpría tales condicións).
  Supoñía tamén unha excelente produción de 60 metros cúbicos de madeira ao ano e resumía as colleitas nunha tamén moi boa de millo (8 ferrados de millo por ferrado plantado) de 640 ferrados. Supoñendo tamén optimistamente que a madeira a vendía (1.000 pts o metro cúbico) por 60.000 pesetas, que as vacas lle daban 4 cuxos que vendía (8.000 pts cada un) por 32.000 pesetas e que o valor da colleita alcanzaba as 64.000 pesetas, ese hipotético labrador acadaba nun ano excelente uns ingresos de 156.000 pesetas anuais.
  Isto parece bastante bo, pero claro, para isto necesitaba 5 persoas traballando unha media de 8 horas*. Se a esas persoas lles pagase un salario mínimo de 1.800 pesetas mensuais (21.600 anuais), gastaría 116.000 pesetas anuais. É dicir nun ano excelente quedaríanlle 40.000 pesetas, das que habería que descontar prezo de sementes, abonos, sulfatos, reparacións, transporte, impostos, contribucións...
  Pero claro os anos excelentes non eran todos, unha mala climatoloxía, unha enfermidade no gando, gasto en veterinarios, incendios forestais... podían deixar en nada os beneficios dese podente labrador . Así que imaxinade o que podía pasar cun campesiño promedio que tiña catro leiriñas por aquí e por acolá, un par de vacas e tres guichas de monte.
  Por esta razón multitude de campesiños pobres só podían sobrevivir contando cos brazos de toda a familia (sen cobrar). As cousas só cambiarían cando a maquinaría agrícola abaratase e fose quedando ao alcance de todos os labradores.
 
E.A. contaba que, falando cun labrador con bastantes terras, lle comentou que non entendía como andaba a pé todos os días 10 km para traballar como obreiro nunha empresa e esta foi a súa resposta:
-Mire. Gánolle unhas 3.000 pesetas cada mes. E na casa n'as fecemos entre todos!
 
* E aínda habería que contar a paga dos domingos, pois alguén tería que preocuparse dos animais ese día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario