No xornal La Voz
de Galicia aparecen habitualmente uns artigos de Cristóbal Ramírez
onde descobre lugares naturais pouco coñecidos e interesantes para percorrer a
pé ou en bicicleta. Hai varios deles dedicados ao concello de Ordes. Este foi
publicado o 7 de xuño de 2026.
La
historia va a saltos, dicen. Cronológicamente eso no es cierto, claro, porque
se trata de un continuo temporal, un día sucede a otro. Socialmente ya es
harina de otro costal. Y artísticamente también, como se puede comprobar en la parroquia
ordense de Buscás.
Porque ahí, hace dos milenios, se construyó un castro cuyas defensas todavía
quedan en pie si bien parcialmente. Después, en la Edad Media, se levantaron
dos construcciones, algo alejada de la vía que unía As Mariñas coruñesas con
las tierras compostelanas, la primera; y pegada a ese camino, la segunda.
Aquella fue una torre para vigilar el paso de peregrinos y mercancías, y queda
el foso en medio de un bosque de eucaliptos, así como lo que parece restos de
una muralla, pero todo ello de dimensiones reducidas y de interés solo para los
arqueólogos. La segunda construcción fue un templo que siguió las directrices
del arte románico. Y esta sí permanece en pie y se muestra hasta con cierto
esplendor.
Se trata de
la iglesia de San Paio de Buscás, y su descripción no debe empezar por delante,
como suele ser habitual en todo el mundo, sino por atrás. Porque el peregrino
que recorre el Camino Inglés o el visitante llegan, aparcan y ven el testero,
el final, y no hay quien se resista a mirar y a hacer una foto. El porqué es
claro: una ventana del siglo XII o XIII, reformada, ha sido el lugar elegido
para enmarcar un San Paio del XVIII, y todo ello ha sido pintado de un rojo muy
llamativo, suavizado en algunos puntos. A su lado, unas letras incrustadas
otrora tan generales y hoy piezas de museo lo dicen bien claro: «PARROQUIA DE
SAN PELAYO DE BUSCAS» (antes las mayúsculas no llevaban tilde). El interior,
con las paredes necesitadas de unos mimos, se ve algo recargado, pero tanta
abundancia, que puede anonadar al principio, no impide ver que la planta
rectangular se alarga mucho tras el altar ni el techo artesonado en el primer
tramo. El arco triunfal presume de esbeltez, y se colocó otro igual justo
detrás de él. Y no hay que salir sin fijarse en la pila bautismal (entrando a
la derecha), porque aún conserva restos de policromía.
La fachada constituye un ejemplo del equilibrio que
se alcanzó en algunas parroquias gallegas entre el barroco —pues a ese tiempo
pertenece el templo— y la puerta con columnas y arquivoltas (esos elementos
semicirculares encima de las columnas) que perteneció a la primera iglesia, a
la románica. Las tumbas en el suelo, una pequeña ventana tapiada que indica que
esa parte también es de las más antiguas, el verde de los alrededores, la
calidad de los sillares y el imponente árbol que tiene por vecino convierten el
templo de Buscás en un lugar no solo digno de ser protegido, sino de ser
conocido.
Castro y torre
Para ir al castro hay que dejar la iglesia a la
izquierda y a los pocos metros coger la primera carretera a la misma mano; el
castro es esa extensión que queda a la diestra. Para ir a los restos de la torre el templo queda a la espalda y se toma la primera a la derecha (sin
asfaltar).
Cristóbal Ramírez

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