martes, 10 de marzo de 2026

Murguía sobre Ordes

  
Velaquí un fragmento do libro "Los Precursores" do escritor
Manuel Murguía, previamente publicado o 10 de xaneiro de 1886 no xornal Galicia Moderna de La Habana. Está dedicado a Leonardo Sánchez Deus, un compostelán que foi loitar e morrer na Italia da época de Garibaldi. Este fragmento en concreto fala das terras do norte da vila de Ordes, orixe da súa familia materna segundo Murguía. Esta adxudicación non é segura e tal vez é unha invención do escritor que liga así á figura que está alabando cun lugar simbólico na iconografía progresista por ser onde foi traizoado e preso "el Marquesito" Díaz Porlier.
 
  No sé si existe todavía, pero hace unos veinte años, y siempre que atravesaba el camino de Santiago a La Coruña, al llegar a una alta explanada, triste y solitaria, pero llena de agrestes aromas y de una cierta salvaje poesía grata al hijo de las montañas, solía detener las miradas y el pensamiento sobre un viejo y un tanto espacioso edificio que a la derecha de la carretera recortaba su oscura silueta sobre un cielo encapotado.
  Sobre la puerta se leía entonces este letrero: MESÓN DE DEUS.
  Aquellas negras paredes, más negras todavía en medio de un paisaje sin viviendas, sin árboles y sin rayo de sol, me hacían el mismo efecto que los abandonados palomares que en los llanos de Castilla parecen levantarse para acusar todavía más lo vasto de la llanura y la soledad que en ella reina.
  Los que hemos nacido orillas del mar o valles que le avecinan, los que viven en las fecundas y risueñas comarcas que forman en Galicia regiones verdaderamente paradisíacas no aciertan a comprender las bellezas propias a las altas mesetas centrales de nuestro país. Aquella al parecer inhóspita extensión, cubierta de la dura planta que le da un color oscuro, la vasta amplitud apenas cortada en el horizonte por la línea desigual de las pequeñas colinas, y los delgados álamos que marcan a lo lejos el cauce del río en cuyas claras aguas se reflejan todas las soledades que les rodean, tiene sin embargo su poesía y su grandeza. Al fondo se oscurecen las tintas y toman el eterno azul de las lejanías; el cielo es más claro, los árboles más verdes, las aguas más transparentes, el silencio más solemne, en una palabra todo tiene la vaguedad y la dulce firmeza de las alturas. ¡Verdaderamente valen bien el amor que les tienen sus hijos!
  En estas llanuras, en medio de las cuales puede repetirse con el poeta, "de su prisión se escapa mi corazón de águila cuando veo su horizonte inmenso", el hombre se torna reflexivo y soñador. Diríase que en ellas se templa el ánimo y el ser se endurece para todo género de fatigas. El caballo salvaje pasta una hierba desmedrada, el carnero de lana áspera, despunta los citisos salvajes y las retamas en flor; los vientos son fríos, pero la canción de la campesina es más pura porque habla solo de los afectos íntimos y resuena en los cielos iluminados por dulces y claras lejanías.
  La madre de Deus tenía el carácter de los lugares en que había nacido y pasado sus primeros años: era buena y fuerte. Su hijo heredó sobre todo, esas dos cualidades, exaltadas por una vida aventurera y de privaciones. Pensaba que su pan negro y el agua cristalina de las montañas no habían de faltarle, ni menos aún el pedazo de tierra en que dormir su sueño de soldado, mientras no le llegaba la hora suprema de dormir el de los héroes desconocidos. ¿Qué le importaba el resto? Y sin embargo, si él hubiese contado sus sueños, si así como sentía su corazón, lo expresara su palabra, arpa muda, en cuyas cuerdas resonó más de una canción, ¡con qué extraños acentos nos hubiera conmovido!
M. Murguía

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